Capítulo 8, Steve Watson- Versión Extendida

La ciudad caníbal

 Tras mi respuesta, Patrick me dijo que le siguiera. Después unos minutos, llegamos a un tren de mercancías. Patrick se acercó a un hombre que estaba sentado en un vagón y lo saludó con entusiasmo:

-¡Hola Kevin!-.

-Hola Patrick, veo que tienes un acompañante ¿no?-.

Sin muchas ganas saludé.

-Bueno Patrick, supongo que quieres ir a parís. El último vagón está desocupado-.

-Gracias Kevin-.

Patrick me hizo una seña para que lo siguiera, y en poco tiempo, ya nos estábamos instalándonos en el vagón. Las paredes del vagón estaban bastante descuidadas, algo normal en un tren de mercancías.

Como ya era de noche, Patrick me dio un par de mantas y acto seguido empezó a dormir. Inteligentemente, yo me hice el dormido y al cabo de dos horas, Patrick empezó a roncar.

Con cuidado me zafé de las mantas y cogí la mochila de Patrick. Lo que más me llamó la atención, era su teléfono que estaba parpadeando. Tenía un mensaje.

El mensaje decía lo siguiente:

Hola Pat, espero que al ir a París obtengas la cura. Si la tuviéramos, ganaríamos mucho dinero.

El mensaje me hizo pensar si Patrick tenía algo que ver con el hombre que me torturó. Un ruido en la puerta me devolvió a la realidad, y me cubrí con las mantas lo más rápido posible. Entró alguien al vagón.

Empecé a sudar de los nervios, y traté de escuchar todo lo que pasaba. Los pasos era lo único que rompía el silencio, hasta que la voz de Patrick emergió entre la oscuridad:

-¿Kevin, que haces aquí a estas horas?-.

-Creo que tu acompañante va a París por lo mismo que tú-.

-¿¡Qué dices, como iba a saber lo del científico?!-.

-Es que al ver la noticia de la muerte de la alcaldesa, han capturado la foto del asesino. Es igual al hombre que está en esta habitación. ¿No te parece sospechoso que Joel torturó  a un hombre para obtener la ubicación del científico y, poco tiempo después, encontraste a este sujeto? Hay que deshacernos de él-.

La cosa iba muy mal. Kevin sabía a donde iba y no me podía arriesgar a que me maten. Con sigilo levanté la cabeza, y vi que los dos estaban de espaldas a mí. Acerqué mi mochila sin hacer ruido, saqué mi pistola y disparé a ambos.

Por un momento, me sentí aliviado al darme cuenta de que estaba a salvo. Pero mis disparos hicieron que el ruido se apodere del tren. Varios pasos se empezaron escuchar a la lejanía.

No tenía mucho tiempo, los demás estaban viniendo a mi encuentro. Con tranquilidad observé mi alrededor y me di cuenta de que había una puerta detrás mía.

Me levanté de un salto, y me aproximé a ella. La abrí, y vi que se trataba de un almacén de cajas. A lo lejos me pareció ver a una persona, así que fui reptando por el suelo. Confié en no ser visto gracias a las muchas cosas que había.

Cuando llegué al otro de lado de la habitación, me topé con la persona que había visto hace unos minutos .Estaba de espaldas. Saqué la navaja de mi bolsillo y se la clavé en el cuello, matándolo en el acto.

Rápidamente, aparté el cadaver, y salí de la estancia. Me encontraba un pasillo bastante estrecho solamente iluminado por unas viejas lámparas de aceite. Tomé aire, y empecé a cruzarlo, hasta que me topé con una puerta.

Por fin tuve la sensación de que ya se acababa el vagón. Con todo el cuidado del mundo, la abrí y confirmé mis sospechas: el vagón se había acabado. Observé un poco a mi  alrededor y vi una escalera. El tren estaba en movimiento, pero debía bajarme. Ya estaba en París.

Dudé en lo iba a hacer, pero me dejé llevar por mi instinto. Puse la mente en blanco, y salté. Al aterrizar al suelo, sentí un pinchazo en la pierna, pero sabía que debía seguir. Dolorido, me puse de pie en las vías del tren, salí de estas como pude.

Al llegar a la acera, me desplomé. Tumbado, contemplé la torre Eiffel a lo lejos. Hubiese sido una vista gratificante en otra situación, pero aquella vez desde luego no.

Aquella París no era la ciudad del amor como se dice, si no se podría decir que era la de la muerte. El cielo estaba oscuro, el aire olía a sangre y se escuchaban gritos de personas por sobrevivir.

A lo lejos vi a un infectado. Pero para mi sorpresa, un grupo de estos, se abalanzó sobre este devorándolo salvajemente. Las cosas, se empezaban a poner realmente complicadas.

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