Capítulo 15, Steve Watson- Versión Extendida

Infiltrado

El disparo me seguía doliendo mucho. Pero fue necesario. Con cuidado, me puse unas vendas y un poco de alcohol en la herida. Ya estaba listo para seguir con la misión.

Me dirigí hacia una escalera que había cerca de mí, y la empecé a subir poco a poco. Cuando menos me lo esperé , me di un cabezazo con lo que parecía que era una trampilla.

Delicadamente, abrí un poco la trampilla y observé lo que parecía ser una habitación llena de provisiones. Tenía que estar en la mansión, solo ellos podrían tener tantos suministros, deduje.

Poco a poco, empecé a salir del túnel, y en un minuto, ya estaba contemplando la estancia entera. Empecé a observar todo con detenimiento, hasta que algo me devolvió a la realidad: un ruido proveniente de la puerta. Rápidamente me escondí detrás de unas cajas.

Para mi suerte, solo había entrado un hombre; lo tenía que matar sí o sí. Saqué la navaja que tenía en  bolsillo, y con toda la cautela del mundo, se la clavé en la nuca, matándolo en el acto.

Por el momento estaba a salvo, pero era cierto que no me podía quedar todo el tiempo en una misma habitación. Lo único que tenía claro, era que no podía salir por la puerta principal. Me hubiesen descubierto en el acto.

Levanté mi cabeza hacia el techo, y vi algo que me sorprendió ¡Un conducto de ventilación!. Por lo que pude observar, era bastante ancho. Para llegar hasta este, tenía que subir por unas estanterías, así que me puse manos a la obra. Pero algo me detuvo, una llamada de teléfono. Cofundido, la cogí:
-¿Hola?-. Respondí.
-Steve, soy el científico. ¿Ya has entrado a la mansión?-.
-Si, ya estoy dentro-.
-Bueno Steve, me había olvidado decirte que tu móvil tiene una función que me permite saber si hay personas alrededor tuya-.
-Pero…si ya las veo-.
-No te hagas el gracioso, digo que puedo saber si hay gente antes de que tú la veas-.
-¿Y me voy a encontrar con alguien?-.
-Dentro de poco, encontrarás un grupo de personas. Suerte-.
Como era habitual en el científico, sus llamadas se cortaban sin ni siquiera un mísero aviso.

Sin perder ni un minuto más, seguí subiendo la estantería hasta lograr entrar en el conducto de ventilación. Al rato, empecé a oír voces. Cuando pasé por una pequeña rejilla, asomé la cara, y pude observar un grupo de personas sentadas alrededor de una gran mesa. La mesa era verdaderamente gigante.

Empecé a observar a las personas que estaban sentadas, y, tras fijarme en cada una de ellas, una estaba jugueteando con un frasco; ¡debía de ser el virus!

Me quedé pensando si lo que veía era cierto, o era producto de mi imaginación. No me podía creer que debajo de mí estuviese el tan ansiado virus.

Al minuto, empecé a asimilar que era cierto, y sin perder tiempo, presté atención a lo que hablaban alrededor de la mesa. Una mujer empezó a decir:
-Perdone la interrupción señor Cooper, pero no cree.. ¿que sería mejor que ya cancelemos el falso colapso económico?. Al fin y al cabo, con el virus disperso por las ciudades, podemos hacer lo que queramos-.

Un hombre, que llevaba puesto un traje negro le contestó:
-Gracias por tu idea Mery, pero mientras más problemas haya en las ciudades; será más difícil que nos descubran-.
-Vamos a ver señor Cooper, un día todas las personas se darán cuenta de que esto es una farsa-. Insistió la mujer.
Velozmente, el señor Cooper sacó una pistola de su bolsillo, y le disparó a Mery. La sangre salpicó entre los presentes.

Con aire de superioridad dijo:
-¿Alguien tiene algo que objetar?-.
-No, no…-. Dijeron el resto de personas apresuradamente.
-Bueno, tras pensarlo durante días, considero que sería bueno verter este virus en diversos continentes. Lograremos distraer a la población mundial, y… ¡nos podremos hacer con todo el dinero del mundo!-.
Tenía que detener a esos dementes, no podía dejar que lleven a cabo sus planes.

Acto seguido dijo:
-¡Ahora mismo, vamos a verter el virus en aguas vírgenes!-.
-Señor Cooper, ¿cómo lo piensa hacer?-.
-Nos vamos a dirigir a México, allí hay grandes extensiones de agua. Y eso es solo el principio. ¡Cojan sus maletas, que vamos a viajar en barco!-.

Las cosas no podían estar peor. Pensé que tenía que infiltrarme  en ese barco, era la única forma de detener a esos dementes. Seguí reptando por el conducto, hasta que vi otra rejilla.

Al observar la habitación que tenía debajo, observé de que no había nadie. Con cuidado, abrí la rejilla y me tiré al suelo. Por suerte, no me había hecho mucho daño en la caída.

La habitación era de un color verde esmeralda. Tenía unos contenedores muy grandes, estaba seguro que contenían provisiones. Pero algo me alarmó, ¡se empezaron a escuchar voces!

Para mi desgracia, cada vez las voces se escuchaban más cerca. Tenía que esconderme en alguna parte. Pensé por unos segundos, y encontré la solución a mi problema. El único lugar en el que me podía esconder era los contenedores.

Rápidamente, abrí la el contenedor y me metí dentro. Todo el contenedor estaba lleno de sacos de arroz. En ese momento, deduje que esos contenedores eran para el barco. Había acertado sin querer.

Antes de que entrasen a la habitación, me aseguré de cerrar el contenedor  para evitar que me descubriesen. Las voces se iban escuchando poco a poco más cerca, hasta que el contenedor empezó a moverse. Supe que en unas horas iba a estar en un barco lleno de psicópatas, y con una gran presión: encontrar el virus.

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