Capítulo 19 (II), Steve Watson- Versión Extendida

Al ver que tenía al señor Cooper delante de mí, mis brazos se habían paralizado. Empecé a sentir en mi interior mucho miedo, estaba seguro de que me iba a matar. Su cara mostraba una macabra sonrisa, que no distaba mucho de las mejores películas de terror. Su cara de rasgos extrañamente finos, y su pelo rubio liso, mejoraban su imagen de un ser diabólico.

Como si de mis peores pesadillas se tratase, se empezó a acercar despacio hacia mí; y me desato del asiento. Al ver que me moví en el acto, este me dijo:

-Ni se te ocurra hacer nada-. Su voz era áspera.

Giré la cabeza, y observé como estaba siendo vigilado por dos hombres que tenía detrás. También estaban sonriendo.

Sin más remedio, me senté bien en el asiento, y me puse cara a cara con el señor Cooper. El señor Cooper empezó a observarme con sus grandes ojos marrones, como si me estuviera leyendo la mente. Estuvo haciéndolo por segundos, hasta que murmuró algo:

-Tú y tu amigo Johan Crown están indefensos. Ya no van a poder entorpecer mis planes-.

-Hay algo que no entiendo. Si tanto te hemos estorbado… ¿porqué no nos matas?-. Le dije yo.

-Buena pregunta. La respuesta, es que te tengo que preguntar algunas cosas antes-.

-¿Y crees que te las voy a responder?-. Pregunté irónico.

-Si respondes lo que yo quiero, no te haré daño-. Sus palabras resultaron muy tentadoras.

-Hecho-. Contesté yo algo sorprendido.

-Bien, pues dicho esto. ¿Dónde está el laboratorio del científico?-.

-No sé de lo que me estás hablando-. Mentí rápidamente.

-No te hagas el tonto Steve, sabes a lo que me refiero-.

El señor Cooper se puso de pie, y sacó una pistola de su bolsillo.

La cosa se estaba complicando, ya no podía tratar de huir. La pistola pasó de estar en su mano, a estar enfrente de mi cabeza. Su táctica funcionó, y chillé:

-¡Está en París!-. El señor Cooper apartó el arma, y se volvió a sentar.

-¿Ha elaborado la cura al virus?-.

-Solo para la fase uno y dos-.

-Bueno, pues ya que me has contestado… ¡Chicos disparen!-.

-¡Serás…!-.

Creo que en esas situaciones el ser humano se hace crédulo, pero hasta día de hoy, sigo sin saber como confié en tal personaje.

Sin pensarlo, me tiré al suelo y cerré los ojos. El ruido de los disparos empezó a sonar por todo el avión. No sé si pasó una hora, o un minuto; pero de pronto noté que los disparos calmaron. Y no había recibido ni una sola bala.

Abrí los ojos confundido,  y vi que el señor Cooper estaba apuntando a alguien que estaba detrás de mí. La voz de Johan confirmó mis sospechas:

-¡Suelta el arma Cooper!-. Era Johan, su voz grave es inconfundible.

-Ni lo sueñes-.

-¡Estás acorralado, no puedes huir!-.

Estaba ante mi gran oportunidad, podía acabar con él de una vez. Rápidamente me levanté del suelo y, me abalancé sobre él. Sorprendido ante mi acción, cayó de espaldas.

Ágilmente me hice con su pistola, y le apunté a la cabeza. Enfadado, trató de librarse de mí, pero no lo consiguió. No le dejé ponerse en pie. Johan se acercó y apuntó también al señor Cooper. Ya no se podía escapar.

Aprovechando la ocasión, le pregunté:

-¿Por qué hicieron aparecer el virus?-.

-Bueno, la verdad era para distraer a la población…-.

-Eso ya lo sé-. Le respondí tajantemente.

-Del…-.

-¿Falso colapso económico?-.

-Del descubrimiento de…-.

-¡Mientes!-.

Interrumpí, y le disparé cerca de la cabeza. El señor Cooper empezó a chillar:

-¡Hijo de puta, si decía la verdad!-. En su voz noté mucho dolor.

-¿A qué te refieres ?-.

-La asociación a la que pertenezco, había descubierto algo muy importante. Algo que no tienes ni la más mínima idea…-.

La cara del señor Cooper se puso pálida. Botó sangre por la boca, y se desplomó. Estaba muerto.

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